26 abr. 2009

Nuestro día D3.

Todo empezó como la típica propuesta de ir a la playa, propuesta que por causas variadas no suelen realizar todos los de mi grupo de psicología. Al final hoy solo hemos ido tres personas, pensareis, tres personas está bien, pero si tres personas se lo pasan tan bien como nosotros no quiero imaginar todo el grupo de psicólogos. Nos hemos instalado en la playa, para calentar Rober y yo nos hemos echado una carrerita por la playa mientras Sandra leía un libro tan pesimista como interesante. La carrerita cerca del mar, sintiendo los charcos de agua salada salpicar a cada zancada, la caricia de la brisa, el sonido de un mar revuelto, me sentía vivo pero, tras la carrerita, yo estaba muerto, jeje. Nos fuimos a hacer mortales y mortales ostias nos hemos metido, pero la superación, la libertad de realizar un mortal hacia delante, sintiéndote libre, ingrávido por unos instantes, me ha hecho volver a sentirme vivo. Luego otra carrerita, unas cuantas flexiones y mi cuerpo liberó por fin todas las tensiones, se preparaba para una tarde “de pancho” (expresión de pueblo que significa de forma relajada o tranquila.) Tras un buen bocata, la falta de agua fría me dejaba muerto, tras comernos el bocata pusimos rumbo al bar, para estar más tranquilos y beber algo fresquito. Paramos en un centro comercial de camino, compramos agua fría y demás víveres. Tras un buen trago de agua fría volvía a sentirme vivo. Con nuestras necesidades saciadas, decidimos pasar del bar e ir a un sitio más tranquilo. Estábamos delante de la facultad, así que decidimos entrar. Nos acoplamos en un humilde banco, el sonido de las palomas, el viento suave acariciándome la cara, las diminutas hojas que caían de los árboles en forma de lluvia, me sentía vivo. Recordé que hacía dos semanas o bueno…dos meses, fui de pesca con amigos y cervezas frías, me sentía vivo. Proponemos ir a la feria del libro, de camino descubrimos el que será secreto del grupo D3 y disfrutamos de un paseo entre los árboles. Hasta llegar a Viveros, en el interior de Valencia capital, un inmenso parque lleno de árboles, lleno de vida. Allí la visión de un mundo en libertad, de un mundo tranquilo, de un mundo hermoso dentro de una ajetreada y prisionera ciudad, me hizo volver a sentirme vivo. Este ha sido un simple domingo, pero no como otro cualquiera. Hoy He descubierto que la felicidad no solo reside en los sueños, sino también en las pequeñas cosas que te hacen sentir vivo… Os dejo con algunas fotos de hoy, me voy a dormir que estoy muerto, hoy he vivido demasiado, jeje:


2 comentarios:

Laura dijo...

Si, te mereces el descanso, jaja, molan las fotos. Si es que no hay nada como pasar un buen día con los amigos, a lo mejor tienes varios días apagados, rutinarios, y pasas un rato así,ríendote, disfrutando y te das cuenta de que son los momentos así los que merecen la pena, los que quedan grabados. Y ya puesta, me encantó el post anterior, me apunto a lo de traer sueños a la realidad. Un saludo.

L . dijo...

Vaya, ¡menudo día! jeje. Desde luego momentos como estos te hacen ver que la libertad existe y que vivir no es sólo respirar. Me alegro de que lo pasaras bien, un besito :)

Pd. Molan mucho las fotos.