31 may. 2009

Capítulo 11. Entra en escena Discordia...

El sol mañanero bañaba a una pareja en tensión, situada enfrente de una casa de madera. Al parecer esa misma mañana habían llegado los nuevos propietarios de la casa, es decir los nuevos vecinos de la Vehemente. El Poeta tragó saliva con dificultad, la Vehemente empezó la conversación cabizbaja, incapaz de mirar los ojos de su compañero.
Verás, siento decirte esto, pero lo nuestro no puede seguir. Espero que podamos seguir siendo amigos…– la Vehemente, esperaba con la mirada dirigida hacia el polvoriento suelo la reprimenda y la ira por parte del joven despechado, pero este le acarició la mejilla obligándola a mirarle a contemplar sus ojos, que ahora brillaban humedecidos, pero sin dejar escapar ninguna lágrima. La sonrisa del joven descolocó a la muchacha.
Sabes muy bien que te quiero tanto que si no quieres que te quiera, no te quiero. Pero al menos dame un porqué.– la actitud despreocupada del Poeta, extrañó a la Vehemente. El Poeta solía decir que las cosas que más joden hay que cogerlas con una sonrisa de oreja a oreja, así joden menos y alivian tensiones y tenía razón ya que la Vehemente ya no se sentía tan mal ante esa situación tan comprometedora por su parte. La Vehemente guardó en su memoria la facilidad que tenía el Poeta para trasformar las cosas y situaciones realmente jodidas en algo mágico y maravilloso, supongo que por eso solían compararle con un artista, convertía la fealdad de la vida en belleza.
Pues ya me conoces, soy una persona impulsiva, hoy me apetece una cosa, mañana otra. No puedo enfrascarme en nada estable, lo siento.– de nuevo la tristeza y la tensión.
Sabes que te entiendo y respeto tu forma de ser, pero no la comparto. Está claro que no compartimos la misma idea sobre el amor, así que lo mejor será que sigamos siendo amigos.– la sonrisa del Poeta volvió a llenar de magia aquella situación tan incomoda. Dirigió su mirada hacia una de las ventanas abiertas de la casa de los nuevos vecinos y se quedó un poco extrañado, pues le había parecido ver a una joven con una gorra negra que le ocultaba parte de la cara mirándoles de un modo muy sospechoso y al ser descubierta se había escondido. Pero pensó que no tenía mucha importancia, así que volvió a prestarle atención a la Vehemente, la cual volvía a ser la de siempre.
Bien, gracias por entenderlo y me alegro de que lo hayas asimilado tan bien. Voy a cambiarme y esas cosas, ve tu mientras a cambiarte y así no perdemos mucho tiempo ¿vale?– la tensión había desaparecido, volvían a ser tan amigos como siempre.
El Poeta emprendió el camino hacia su casa, enfrascado en sus pensamientos, tratando de inspirarse en la amargura que en aquel instante recorría sus entrañas para sacar el máximo partido a la situación. De repente algo interrumpió su marcha y sus pensamientos, alguien le había dado unos toquecitos en la espalda. El Poeta se giró para ver quien podía ser y se sorprendió al encontrar a la joven que había visto en la ventana. No era muy alta, morena, con el pelo recogido en una coleta que sobresalía por detrás de su gorra y dos mechones negro azabache le colgaban hasta la clavícula. Llevaba una camisa de tirantes negra y unos pantalones vaqueros oscuros, que junto a la gorra negra le daban un aspecto muy misterioso. Era como si quisiese ocultarse del resto del mundo, parecía una mezcla extraña entre una mafiosa y una investigadora. El caso es que no solo su vestimenta hacia desconfiar de ella, también su actitud, pues permanecía callada esperando la reacción, analizándolo todo bajo la confidencialidad que le ofrecía su demacrada gorra negra. El Poeta al no ver reacción por su parte empezó la conversación.
Hola. Eres nueva aquí ¿verdad?
Sí…¿Por qué eres tan gilipollas?
Continuará…

1 comentario:

Ana dijo...

Joe, esta va haciendo amigos, ¿no? Jejejeje. Sin duda, la discordia en persona.
Un beso.