12 feb. 2009

Camino a la felicidad.


Arrebato psicológico.


Mucho hablar de felicidad y que hay que llegar a ella, pero no diré nada de cómo llegar hasta ella y que beneficios ofrece. Bien, creo que es hora de calzarme las botas de psicólogo y tratar de desvelar ese “misterio” contándoos lo poco que se. Dejad que esta brisa de optimismo y buen rollo invada vuestras vidas.


Antes de emprender el camino a la felicidad, creo que es conveniente explicar una metáfora que yo establecería de vital importancia para entender la forma de alcanzar la felicidad. La metáfora es bastante simple, tan simple que resulta un poco pobre. La metáfora establece que toda persona tiene un cubo interior que se llena o vacía de felicidad. Obviamente el cubo representa nuestro interior y el hecho de que este más lleno o más vacío representa el grado de felicidad. Toda persona tiene un cucharón con el que llenar o vaciar los cubos de los demás. Sí, parece un simple juego, pero la felicidad es un juego en el que unas veces se gana y otras se pierde. El cucharón representa actos, gestos, detalles que tenemos con los demás. Como ya hemos dicho el cucharón puede llenar los cubos de los demás (con gestos y actos positivos, buenas palabras, elogios, agradecimientos, etc.) o vaciarlos (con gestos y actos negativos, falta de tacto, ofensas, reproches, etc.) El caso está en que si vaciamos el cubo de alguien el nuestro también se vacía, por otra parte si decidimos llenarlo el nuestro también se llena. Somos libres de llenar o vaciar los cubos de los demás, pero creo que no hace falta ser muy inteligente para saber cual de las dos opciones es la mejor para todos.

Hasta aquí la parte digamos verídica y científica del texto, a partir de ahora todo parecido con una teoría psicológica será mera coincidencia.

Como alcanza la felicidad un lobo, obviamente la base está establecida, los cubos vistos anteriormente. Mantener tu cubo lleno, depende de dos factores: el hecho de llenar los cubos de los demás y el hecho de ser optimista. ¿Por qué es importante ser optimista? Se podría decir que un pesimista tiene su cubo agujereado y que por mucho que trate de llenarlo, se va vaciando rápidamente con el tiempo (aunque no vacíe el cubo de nadie, simplemente se vacía solo, se vacía a si mismo). El problema y el riesgo de esto es que a medida que la felicidad desciende en el cubo, va siendo más y más difícil salir de esa espiral. Antes de llenar el cubo de una persona pesimista se debe arreglar el agujero, de no ser así halagarle y demostrarle cariño va a ser una perdida de tiempo. La diferencia entre un pesimista y un optimista, es que el pesimista solo contempla y ve alcanzables las opciones negativas, el optimista en cambio contempla tanto las positivas como las negativas. ¿Cuál creéis que es más realista entonces? El pesimista que solo contempla la realidad negativa o el optimista que contempla ambas realidades. Con lo cual, no hace falta ser muy inteligente para saber que actitud es más acertada. El lobo lo sabe, el lobo es optimista, el lobo no teme arriesgarse porque el fracaso no le hunde, le hace más fuerte. El lobo, nunca se viene abajo, sabe afrontar y llevar el control en los momentos negativos y los baches que trae la vida. Un lobo se acepta a sí mismo y acepta sus defectos como parte de la disparidad en la personalidad de las personas. Un lobo sabe que un mundo donde todos fuésemos perfectos sería imperfecto y un mundo de personas imperfectas sería perfecto (la perfección es bella, pero lo que realmente nos enamora son los defectos, ya que son lo que nos hace únicos) (Pensad un poco y veréis como tengo razón, cuando alguien quiere imitar a alguien copia siempre sus defectos y tiende a exagerarlos, el hecho de ser tartamudo, bajito, con voz de pito, etc.). Un lobo no tiene miedo a lo desconocido (la muerte, por ejemplo) o al azar, lo afronta con fascinación y admiración, pues el azar y los misterios de la vida son defectos que le dan sentido a esta y hace que nos enamoremos de ella. Un lobo es autodidacta, siente la necesidad de empaparse de todo conocimiento que le resulte interesante, sin importarle lo que digan los demás. Un lobo comparte toda información que considere valiosa y de importancia para los demás lobos (se podría decir que es lo que estoy haciendo yo ahora), pues las ideas y la inteligencia crecen a medida que se impregnan del contenido de cada cabeza en la que entran. Un lobo es estoico, sabe que se puede alcanzar la libertad y la tranquilidad tan sólo siendo ajeno a las comodidades materiales, la fortuna externa y el poder. Un lobo sabe entregarse al amor y a todas sus variedades (respeto, amistad, fraternidad, etc.), pues es consciente que es el sustituto ideal del poder. ¿Por qué el amor como sustituto? El amor es el pedestal donde yace la autentica felicidad. Felicidad de oro y salud es efímera. El dinero y la salud proporcionan una felicidad que desaparece rápidamente. El amor crea recuerdos, vínculos y pasiones que duran años. Los individuos que se sienten parte de un grupo, son más felices. ¿Necesitáis más ejemplos? Hay uno que creo que es bastante bueno para explicar esto. Imaginad un grupo de niños que juegan al futbol, forman el equipo al libre albedrío por aquello del “pito, pito” una vez formado el equipo, juegan sin más, se lo pasan bien, todos son un equipo, todos ríen. Si uno falla todos ríen, incluido el que ha fallado, pues saben que un fallo lo tiene cualquiera y el que ha fallado no tiene miedo al fracaso. No hay capitán de equipo, todo el equipo se apoya y se refuerza. A estos niños no les importa ganar o perder, solo piensan en divertirse, saben que en la vida unas veces ganan unos y otras veces ganan los otros, pero nadie pierde pues todos son felices. Pero ¿qué pasa cuando los niños aprenden que el elitismo es un seguro para el éxito? Pues vamos a ver… Los niños eligen a su equipo estudiando y clasificando a sus compañeros. Eligen a los que mejor juegan primero, de este modo se aseguran ganar. Estos nuevos “niños” ya no piensan en pasarlo bien, solo serán felices si ganan. Se van eligiendo a los mejores, se deposita una responsabilidad muy grande en ellos y ellos son conscientes de ese peso, se quedan los malos, los apestados, los que se van a quedar en el banquillo. Automáticamente los que van al banquillo dejan de intentar ser felices. Pero la cosa va más allá, si alguien comete un error, aunque sea el capitán del equipo, se le criticará y presionara para que no vuelva a equivocarse. Esto hace que los jugadores tengan miedo al fracaso, miedo a equivocarse y esto merma su felicidad. Se ponen nerviosos, se alteran, sienten la presión. Al final del partido unos ganan, disfrutan de diez minutos de felicidad, en lugar de haber disfrutado los noventa minutos de partido. Otros pierden y sienten la pena y la condena de haber perdido, el precio pagado por ese miedo al fracaso, en lugar de alegrarse y contagiarse de la felicidad de sus compañeros. Eso es debido a que son incapaces de alegrarse por sus compañeros, el elitismo ha convertido a sus compañeros en rivales, aquellos que les han arrebatado el triunfo, la felicidad. Esto podemos aplicarlo a la vida, la vida es como un partido en el que podemos jugar como aquellos niños que buscaban la felicidad y pasárselo bien ante todo, sin tener nada que lamentar o como aquellos “niños” que solo piensan en ganar y en esos diez minutos de gloria. De nuevo no hace falta ser muy inteligente para saber como es conveniente jugar el partido de la vida. Eduard Punset suele decir que la felicidad se encuentra en la sala de espera de la felicidad, esto quiere decir, más o menos, que no podemos alcanzar la felicidad, sino ser felices esperándola. Somos felices al ver como nos acercamos a las metas y objetivos propuestos (Objetivos que supuestamente nos dan la felicidad), pero una vez alcanzados, la felicidad empieza a desaparecer. En parte estoy de acuerdo con Punset, pero aun a riesgo de parecer un metomentodo, me permitiré la libertad de modificar está expresión. A mi parecer, la felicidad se encuentra en una sala y nosotros nos encontramos en la sala de espera. En la puerta de la felicidad se encuentra la vida, inflexible, controlando quienes pueden pasar y cuanto tiempo pueden pasar dentro de la sala. En la sala de espera hay dos tipos de personas, las que buscan el triunfo, ganar por meritos propios, y los que buscan entrar en la sala de la felicidad junto con sus compañeros. Los que buscan el triunfo se enfrentan al portero de la felicidad (la vida), desafiantes, alterados, mostrando su poder. Cuanto más poder tengan más agresivos serán y más fácil será que entren en la sala de la felicidad. Luego están aquellos que buscan entrar con sus compañeros, estos actúan de otra forma, conversan con la vida, se hacen amigos de ella, todos le muestran su beneplácito a la vida. De este modo se ganan su confianza y cuanto más y mejor conozcan la vida más fácil será que les deje pasar. Como veis ambos utilizan sus artimañas para lograr la felicidad. El problema es que la vida no es idiota, sabe quienes son los que la han respetado y quienes se han encarado a ella con prepotencia y arrogancia. De este modo la vida deja pasar a ambos grupos, al individuo arrogante y al grupo de individuos. Pero al cabo de los pocos minutos vuelve a por el individuo arrogante y lo arroja hacia fuera. El grupo sigue con su felicidad. Ríen, se divierten, mientras escuchan como el individuo arrogante discute con la vida y se enfada con ella por no dejarle ser feliz. Al cabo de unos días, la vida vuelve a dejar pasar al arrogante, pero esta vez se acerca a un miembro del grupo que al ver llegar a la vida, empieza a entristecerse. Pero el grupo le ayuda, entre todos logran convencerle a él y a la vida de que debe seguir siendo feliz. Al cabo de unos minutos vuelve la vida y los saca a todos de la sala. El individuo arrogante vuelve a discutir, se enfada, se hunde cada vez más. Los del grupo, ríen, siguen divirtiéndose, pues ahora que no están en la felicidad, saben que es momento de recordar lo bien que lo pasaron dentro de la sala. Le agradecen a la vida haberles permitido estar tanto tiempo en la sala, esta lo tiene en cuenta y al cabo de unos días vuelve a dejar pasar al grupo, porque se lo merecen. Creo que de nuevo no hace falta ser muy inteligente para saber que actitud es la correcta para lograr la felicidad. Un niño pequeño sería capaz de saber cual es la mejor opción. Sin embargo el ser humano sigue pensando que ser obstinados y cabezotas en conseguir el poder es la clave de la felicidad. Nos creemos muy inteligentes, pero cualquier niño nos pegaría una paliza en esto de buscar la felicidad. Tal vez los adultos no sean tan inteligentes como se creen. Termino con una frase de Jean de la Bruyere, creo que bastante apropiada: Los niños no tienen pasado ni futuro, por eso gozan del presente, cosa que rara vez nos ocurre a nosotros.

P.D.: No se si habrá quedado claro como llegar a la felicidad, esto son solo teorías. Quien quiera entender que entienda. No olvidéis ser como sois, con defectos incluidos y sobretodo con una sonrisa en la cara.

3 comentarios:

L . dijo...

Deberiamos vivir el presente y no buscar la felicidad, porque mientras la buscamos estamos perdiendo momentos que nos podrían haber hecho felices. Como ya sabes, yo creo que la felicidad se encuentra en las pequeñas cosas. Hay que disfrutar de lo que tenemos y de lo que somos, aquí y ahora, porque nadie sabe qué puede pasar mañana. Me ha gustado mucho tu texto, como siempre!

Besoss!

L . dijo...

Acabo de ver el refranero de lobos!
Me gusta mucho lo que dice y la idea, un beso!

Esperanza dijo...

Acabo de descubrir tu blog.
Lo visitaré con frecuencia.
He entendido todo lo que dices en este post. Mientras leía, asentía.
Tú expresas muy bien algo que yo intuía y de lo que,seguramente, ya estaba convencida.
Gracias por compartir toda esa sabiduría.