10 jun. 2009

Día de elecciones.

Los que me soléis seguir sabéis que siempre intento ver el lado positivo de todas mis desgracias y que uno de mis lemas es toda experiencia mala deja de serlo si consigue arrancar un par de sonrisas al ser contada. Dicho esto voy a narraros que tal fue mi apasionante día como segundo vocal en una mesa de votaciones el pasado domingo:
Empezó a las ocho menos cuarto de la mañana, medio dormido, deseando que alguien ocupase mi lugar. De camino al emplazamiento que se me había asignado, vi a un grupo de jóvenes. Por la forma zigzagueante de andar que llevaban y las horas que eran, deducí que venían de fiesta. Cuando me hablaron con acento etílico, se confirmó mi hipótesis.
–¿Qué vas a votar?
–No, a ser puteado, soy vocal en las mesas.
Los dejé riéndose de mi desgracia. Una vez en la mesa, la presidenta no aparecía y debía estar allí antes de las 8 y allí solo estaba yo, los suplentes y un par de interventores, una chica del PP y otra del PSOE. A las ocho y cuarto llegaron la primera vocal y la presidenta y los suplentes se fueron contentos y pagados de no tener que pringar lo cual me repateo bastante.
La mañana empezó cómo no, con los viejos que no toman somníferos y se despiertan de buena mañana y dicen pues me voy a votar. Eran las ocho y ya estaba aquello lleno de abuelos que querían votar y eso que la votación empieza a las nueve, pero como los abuelos quieren ir al campo y las abuelas a hacer sus menesteres pues ale en masa a votar a las ocho de la mañana. Después de esa remesa de ansiados por votar, llego un periodo de calma hasta que finalizó la misa y llegó otra tanda de ancianos. Con estos hay que tener mucho cuidado, porque habrán votado más de veinte veces, pero aun no lo tienen muy claro. Esta la típica abuelita que te viene con el SIP en lugar del DNI y claro el SIP no tiene foto con lo cual no es valido y cuando le dices que no alegan:
–Hay pero si con esto a mi me dan las pastillas.
–Es que tiene que tener la foto.
–¿Y no le vale una foto de la cartera?
Y tú pensando “Señora ¿me ve cara de farmacéutico? ¿Se ha tomado ya las pastillas o va con sobredosis? Necesito el jodido DNI.”
Luego están los que se tiran media hora recogiendo papeletas de las mesas, indeciso sin saber a quien votar, o eso o es que no ve muy bien, y tras media hora al fin se decide a quien votar. Luego están las señoras despistadas que se acercan a tú mesa y te preguntan.
–¿Esta es la urna para votar al PP?
–No, señora aquí puedes votar a quien quiera– “aunque ya me imagino a quien va a votar”.
–Entonces, aquí se puede votar al PP ¿no?– “Que si coño, ya se que va a votar al PP no hace falta que eche el sobre lo tendremos en cuenta.”
Luego está el típico abuelo rico que como no tiene que trabajar en el campo, tiene como afición quedarse hablando de su vida y su riqueza con el atareado vocal de mesa, retrasando así su trabajo.
–Pues vosotros estáis ahí trabajando, pero yo era el candidato que la gente elegía, yo estuve metido de lleno en política, aunque también he estado muchos años en vuestro sitio como juez de mesa.– “De verdad, no me jodas. ¿Quiere ocupar mi lugar un año más para recordar apabullantes reminiscencias del pasado?”– además yo estuve jugando con el equipo local, era uno de los mejores […]– me he tomado la libertad de ahorrarme toda la conversación para no aburrir a la gente, pero os lo podéis imaginar. El colmo fue que después de toda la brasa que nos soltó, pidió el recibo de voto. Para los que no sepan los que es, es simplemente un recibo como que el señorito votó. Eso no lo pide ni Dios, solo lo puede pedir alguien que haya tenido la suerte de estar en una mesa. Es una chorrada muy grande, pero seguro que lo hizo por putear a los de la mesa.
Por el medio día la cosa se calmó bastante. Solo tuvimos una curiosa aparición de un rumano muy borracho que entró como pudo llego hasta nuestra mesa y se quedó mirando el entorno. Yo pensé “Madre mía, ¿este tío va a votar? Pero si no se tiene en pie…” por suerte se piró sin decir nada, creo que se pensó que era un bar o algo así, como vio mesas y gente…
Por la tarde la cosa ya fue más normal, tan solo un caso me repateo bastante y creo que no hay cosa que pueda joder más a un vocal que eso, salvo el viejo de la brasa. Como la mayoría sabréis para votar das el DNI y el vocal apunta tu nombre y mira si estas en el censo. Bien, pues viene un señor, le pido el DNI y cuando voy a cogérselo lo aparta, pienso será una broma, vuelvo otra vez y lo mismo. A la tercera digo esto ya no tiene gracia. Me quejo y me dice:
–Yo el DNI no te lo voy a dar, el DNI es un documento intransferible, si quieres te lo enseño pero nada más.
Pensé “Uf, como odio a la gente que se lo toma todo al pie de la letra, con un poco de suerte al año que viene te veo a ti en la mesa. Entonces jugaré contigo del mismo modo con el DNI y me reiré un rato, porque encima te pediré el puto recibo de voto y te soltaré la brasa todo lo que mi imaginación abarque.”
Y aquí termina la historia, recuento de votos, la primera vez no coincidía, la segunda nos faltaba uno y por fin a la tercera cómo no, salió bien y nos pudimos ir a casa a descansar.
A todo esto cobre 61 euros y a la mañana siguiente a las 8 de la mañana tenia que estar en valencia para realizar uno de los exámenes con la tasa de suspensos más alta. Por suerte no ha ido tan mal el examen como esperaba y encima me ha servido para publicar un texto sobre anécdotas, que hacia tiempo que no me pasaba nada raro y empezaba a asustarme.

2 comentarios:

Ana dijo...

Jajajaja. ¡Qué día tan completo! El señor dando la brasa es muy típico en cualquier lado, sólo que ahí no te queda otra nada más que escuchar, no hay escapatoria jeje.
A mí ese día no me pasó nada interesante y eso que era mi primera vez votando. Creía que sería algo más como para recordar jaja En fin, un besito.

L . dijo...

Bfff...
Menudo diíta, jajaja (no, no me río de tu desgracia).
Un beso.