3 ene. 2009

Caminos.


Luce una barba descuidada, y un cigarro se posa sobre sus labios. Está sentado en su habitual banco de piedra, en el lado izquierdo del paseo. Donde siempre. Cada día a las cinco de la tarde disfruta de observar, respirar, fumar y de divertirse al reírse por dentro de las vidas apresuradas de aquellos desconocidos y conocidos a la vez. Desconocidos por no saber sus nombres y conocidos por saber más de lo que sus nombres indican. Ninguno, como es de esperar, se percata de su presencia y eso le encanta, le fascina el poder intuir sus pensamientos, las monótonas vidas que muchos de los que pasan por allí durante todas las tardes poseen. Si le preguntaran sabría decir, posiblemente sin equivocación, que la chica con abrigo rojo, gorra y maletín negro que pasa cada día a las cinco y media de la tarde es una estudiante que aprovecha las tardes para ejercer lo que realmente le gusta, la música. Diría que es un alma libre y, al mismo tiempo, atada que aprovecha la melodía para deshacerse por unos minutos de sus cadenas y saber lo que es volar. Diría también que aquel hombre uraño, mayor con bastón, es un reflejo de sí mismo con unos 40 años más. Un hombre solo y solitario que prefiere más helarse de frío en la calle cada tarde que quedarse en su triste casa oscura, con los cuchillos congelados de los recuerdos atravesándole el pecho. Sabía de sobras también que aquella mujer que alterna zapatos de tacón y abrigos de pieles diáriamente, protagoniza a las siete una entrada triunfal en el casino porque, realmente, es la esposa amargada de un empresario rico que solo la satisface con una paga de 200 euros diarios, muy lejos de lo que realmente piden sus necesidades más íntimas. Sin duda se le pasan las horas volando imaginándose los día a día de aquellas caras, y le sorprende la facilidad que, aún sin conocer, se puede intuir una trayectoria de un camino, con atajos, pero llegando muchas veces a su destino.
"¿Cómo me deben ver a mí?" se pregunta algunas veces, pero su respuesta llega antes de que el pensamiento de la cuestión termine; le daba igual, aunque nadie había reparado en aquel chico con aparente más mayor que el real, que dibuja los caminos de personas con dueños, esclavos de la vida, de sus caprichos, sueños, ilusiones, anhelos y recuerdos. Son, algunos, victimas de un camino marcado que no han elegido. No se sienten libres aunque todos lo deseen fervientemente. Ese macabro pensamiento y la certeza de que él había decidido estar ahí sentado, disfrutando del logro de su único anhelo le hace sonreír; Se siente libre, aunque no lo sea.

1 comentario:

cuenk dijo...

He vuelto más despierto que nunca, ya tenía ganas. A ver si me pongo al día. Me ha encantado el texto, muy a cordel con este blog, ya que una de las cosas que pretende conseguir el blog es que la gente se libere del camino establecido y hable como nunca ha hablado, lejos de caminos, porque escribir es como volar y en el aire no hay caminos.